1 de julio de 2008

Niña mordida por un majá, la Habana, Cuba.

Por: Luis Hernández Serrano
Fotos: Roberto Suarez


Los padres de la niña Adis Amelia González Tillán, de seis meses de nacida, residente en Monte 993, entre Castillo y Pila, en el municipio del Cerro, en Ciudad de La Habana, descubrieron, sorprendieron y capturaron al majá de Santa María, de un metro aproximadamente, que mordió en dos ocasiones, de madrugada, a su pequeña hija, mientras dormía en su cuna.




«El sábado 3 de mayo nuestra niña amaneció con una mancha de sangre en la media del pie derecho y, como no estaba rota, su papá y yo descartamos que fuera obra de un animal», explicó la joven Sahilyn Tillán Gómez, madre de la criatura.


«Cuando le quitamos la media, tenía en la planta del pie dos diminutas marcas de cinco punticos enrojecidos cada una. Tanto mi esposa como yo sentimos una gran incertidumbre, buscamos los juguetes y pensamos que se había pinchado al pisar los cinco deditos puntiagudos de la mano de su muñeca», comentó el joven Amir González Ortigueira, el padre.


Pero todo no quedó ahí. En la madrugada de domingo para lunes —eran las dos menos diez— la madre sintió que la niña, en solo un minuto, lloró y se movió, aunque siguió dormida.


«Yo estaba en el cuarto y de pronto vi que algo bajó de la cuna por la esquina pegada al escaparate, pero no supe qué era. Inmediatamente revisé a la niña y encontré que tenía sangre en dos partes de la rodilla derecha», evocó la madre.


«Pensé que era una picada de araña grande. No me imaginé que era de otro animal: presentaba dos pares de puntos y me asusté, porque evidentemente era una mordida», argumentó el padre.


Los padres de la muchachita desarmaron la cuna completa. No vieron nada y entonces Amir, con una linterna, buscó detrás del escaparate, cuando sintió que algo, al parecer, se había caído hacia la parte posterior del mueble.


«Pensé que era difícil en la oscuridad encontrar a una araña y de súbito veo dos ojitos que reflejaban la luz de mi linterna, frente a mí. Era un majá, estaba encima de un palo, enroscado, y con la cabeza apoyada en su propio cuerpo», recuerda Amir.


«Mi esposo dijo algo que tengo todavía en mi alma: “¡Increíble... A la niña la mordió una serpiente... Era un majá de Santa María. Corrí, busqué un machete, halé el palo, salió enroscado en él y allí en el medio del cuarto peleamos, porque ella luchó por sobrevivir, pero la maté, le arranqué la cabeza; aunque confieso que con dolor, porque la niña tiene su inocencia, pero el animal también».


Los padres de Adis Amelia dicen que se tranquilizaron cuando comprobaron que las marquitas de las mordidas del sábado y del lunes eran las mismas. La llevaron al hospital Pediátrico de Centro Habana, donde tuvo una buena atención por parte de los médicos del policlínico Abel Santa María, del Cerro.


«Conservamos el majá en congelación, para que se crea esta historia, pero nos preocupa que se han visto, además, otros cinco casos de este animal dentro de viviendas y locales vecinos», refirió la madre y añadió:


«Desde el viernes por la noche, hasta el lunes, subió a la cuna para estar junto a la niña. Dicen que estos animales acostumbran a visitar un lugar y repiten sus visitas.


«La leyenda popular cuenta que esta serpiente toma leche materna y también dicen que siente predilección por ese olor y ese sabor. No sabemos qué rastro, marca, excremento o líquido dejan, ni tampoco si hay algún repelente para impedir que se acerquen de nuevo a la cuna de nuestra pequeña».