16 de diciembre de 2005

Viaje hacia Gahri Habibullah, Pakistán


Roberto Suarez, enviado especial

Salimos aproximadamente a las diez y treinta de la mañana del Hotel Dreamland, en Islamabad. El cielo, como en días pasados, está despejado, con un sol suave que nos obliga a desabrocharnos los abrigos. Algunos de mis compañeros de viaje, hasta se despojan de ellos.
Viajamos por una autopista de seis vías, la cual se encuentra en muy buen estado. Se puede tomar notas mientras se transita por ella. Se observan carros pequeños y muchos camiones. La vegetación es verde; sin embargo, en algunos lugares predomina el color carmelita. El polvo existente nos hace pensar que hace algún tiempo no llueve por estos lugares. En los carteles de señalización y propaganda el idioma predominante es el ingles, aunque los hay también en en hindu, idioma natural de Paquistán.
A ambos lados de la vía se puede visualizar algún que otro sembrado y mucho ganado, vacas y búfalos, la leche y la carne de este último es muy cotizada en este país.
A las 11 y 18 llegamos al primer peaje de los dos que debemos pasar. El costo del paso es 25 rupias. Después de pasarlo, a lo lejos se observaban las grandes montañas hacia donde nos dirigimos.
Ya a la 1 y 25 de la tarde nos hallamos en Mancera. Franqueamos uno de los hospitales en el cual hay presencia de médicos cubanos. Abandonamos la gran autopista y nos adentramos en una vía más pequeña de tan solo dos sentidos. Nuestro chofer, con su pericia, adelanta a los autos y camiones que se topa en la carretera.
En ambos lados de la vía se observan numerosos negocios, tiendas, algún que otro lugar de venta de comida ligera y frutas. Esto lo pude divisar a lo largo de toda la carretera. Cada vez que transitamos por algún poblado o aldea nos topamos con estos negocios que abarrotan la vista con carteles y comerciantes, por lo que son numerosas las personas que deambulan por las calles, y nuestro chofer tiene que tomar precauciones para no atropellar a nadie.
Después de varias horas de viaje, llegamos a nuestro primer objetivo, el hospital cubano en Attar Shisha, en cuyo poblado hay aproximadamente 13 000 habitantes. En estos poblados las viviendas no sobrepasan los tres pisos, no hay grandes edificios.
Las casas de campaña de este hospital se encuentran en la zona de una escuela, lugar que le facilitaron a la brigada médica cubana para realizar sus labores de atención médica. Veo más de unas 15 casas de campañas de lona, de color carmelita claro, buenas para retener el frio.
En una de las primeras casas de campaña se encuentran dando consultas dos doctoras cubanas. Es costumbre que las doctoras atiendan a las mujeres y los doctores a los hombres. Al lado de cada una de las doctoras hay un joven paquistaní, quien tiene la tarea de traducir del hindú al ingles. Así fluye la comunicación entre los pacientes y los médicos, aunque ya hay muchos galenos cubanos que tienen su propio diccionario de hindú.
Fuera de la carpa es apreciable la cantidad de paquistanies que esperan ser atendidos. Se ve de todo, niños en los brazos de sus padres, hombres, ancianas y ancianos. Tomo algunas fotos de las doctoras cubanas consultando. De momento entra una madre con una muchacha. La chica se ve en malas condiciones. Rápidamente la acuestan en una de las camas: presenta vómitos, su presión es baja, se queja de dolor de cabeza. Se ve muy débil. Después de ser analizada por los doctores se determina ingresarla.
Muchas de las personas que se examinan es por problemas en la piel, la escabiosis es una de las más frecuentes; también la desnutrición. Me topo con un niño que se encontraba ingresado por falta de vitaminas. La piel de todo su cuerpo está en malas condiciones. Se hallaba ingresado. Fue impactante ver en las condiciones que se encontraba. Los médicos cubanos confían en su pronta recuperación.
Es impresionante la labor de los médicos. Este pueblo no sabe como agradecer ese gesto. Se ve en la sonrisa de su gente. Ya son muchas las brigadas extranjeras que se están retirando, mientras que los cubanos son su única esperanza.
Los médicos nos sorprenden con un delicioso almuerzo a la cubana: un potaje de frijoles colorados, arroz blanco, carne de res y una buena ensalada; algo que extrañamos mucho, ya que aquí la comida es diferente. Predomina el picante. Hay momentos en que es imposible para nosotros comer por tener exceso de este producto. Al final nos tomamos una foto con la mayoría de los médicos.
A las 2 y 30 partimos hacia el campamento de Gahri Habibullah, lugar de nuestro destino final.
Ya tenía experiencia de este lugar, donde me había quedado una noche en días pasados. Solo pensar que allí la temperatura en las horas de la madrugada podría bajar a menos de cero grado me hacía pensar como seria la noche.
Este campamento se encuentra en la margen del rio Kundar, el cual en esta época del año no se ve muy caudaloso. A lo lejos se ven las grandes montañas cubiertas de nieve, lo que da un aviso del acercamiento de las primeras nevadas. Como en otros lugares se percibe el espíritu de trabajo y organización de los galenos cubanos. Algunos antes de dormir preparan sus mochilas para la jornada siguiente.
En esta zona de Paquistán ya a las cuatro de la tarde empieza a caer el sol, por lo tanto la temperatura comienza a descender. A las ocho de la noche ya no se ve a nadie fuera de sus casas de campaña. Todos prefieren estar cerca de sus calentadores.
Me quedo conversando hasta pasadas las 12 de la noche. El frio me hace buscar algo para taparme y prefiero mi colchón, por lo que me dirijo a mi casa de campaña.
Por la mañana subiremos las lomas junto a los médicos cubanos.